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Asanas de equilibrio: entre la estabilidad, el movimiento y la presencia

Exploramos las asanas de equilibrio desde el cuerpo y la filosofía del yoga: propiocepción, Drishti, práctica, desapego y presencia dentro y fuera del mat.

Asanas de equilibrio: entre la estabilidad, el movimiento y la presencia

Asanas de equilibrio: entre la estabilidad, el movimiento y la presencia

¿Alguna vez notaste que hay días en los que sostener una postura de equilibrio parece suceder casi naturalmente y otros en los que el cuerpo no deja de tambalear?


Quizás llegaste a la práctica con la cabeza llena de pensamientos. Quizás estás cansada, apurada o preocupada. Te parás sobre un pie, buscás estabilidad y, de pronto, algo tan aparentemente simple como quedarte ahí te pide toda tu atención.

Junto a mis alumnas presenciales, estuvimos explorando las asanas de equilibrio en las clases y, más allá de la forma de cada postura, me interesa todo lo que podemos observar mientras las practicamos.

Porque hacer equilibrio no es solamente conseguir sostenernos sobre un pie.
También es aprender a estar presentes en un cuerpo que se mueve, se acomoda, pierde estabilidad, la recupera y vuelve a intentarlo.

El equilibrio no es quedarse quieta

Cuando pensamos en equilibrio podemos imaginar un cuerpo completamente inmóvil. Sin embargo, mientras sostenemos una postura suceden pequeños ajustes todo el tiempo.

La Ciencia del Equilibrio: 

Desde una perspectiva física y de entrenamiento, sostener el cuerpo sobre una sola base de apoyo es un desafío técnico fascinante. No se trata de "quedarse quieto como una estatua", sino de permitir que el cerebro y los músculos realicen micro-ajustes constantes.
Cuando practicamos equilibrios, activamos tres pilares fundamentales de la salud física:

  • La Propiocepción: Es la capacidad que tiene el sistema nervioso de reconocer la posición de los músculos y las articulaciones en el espacio. Al entrenar el equilibrio, refinamos esta "antena" interna, lo que mejora la agilidad y previene lesiones en el día a día.

  • La estabilidad desde los cimientos: El cerebro recibe información constante para corregir el peso del cuerpo, mientras que el oído interno nos brinda estabilidad. Pero la fuerza real nace de la activación del core (abdomen profundo, glúteos) y de la musculatura intrínseca de los pies. Un pie activo es una raíz fuerte.

  • A mayor rigidez, menor estabilidad: Curiosamente, cuanto más rígido y tenso ponés el cuerpo por miedo a caerte, más cuesta mantener el equilibrio. El secreto del entrenamiento inteligente no es la fuerza bruta, sino un uso consciente, preciso y liviano de la energía.

El cerebro recibe información acerca de la posición del cuerpo y realiza correcciones para distribuir el peso y mantenernos estables. La propiocepción, el sistema vestibular y la información que recibimos a través de la vista participan de este proceso.

También interviene la fuerza.
El pie que está en contacto con el suelo necesita estar activo. Las piernas, los glúteos y la zona media colaboran para sostenernos.
Pero hay algo interesante: más fuerza no necesariamente significa más equilibrio.

¿Notaste alguna vez que cuanto más rígido y tenso se pone tu cuerpo, más difícil resulta sostener la postura?
Ahí aparece uno de los aprendizajes que más me interesan de estas asanas.
Encontrar estabilidad sin convertirnos en una estructura rígida. Activar, pero también respirar.
Sostener y, al mismo tiempo, permitir pequeños movimientos.
Quizás el equilibrio tenga algo de ese juego entre fortaleza y suavidad.

Tres asanas para explorar el equilibrio

Hay muchísimas posturas de equilibrio. Estas son tres que podemos utilizar para observar diferentes aspectos de nuestra práctica.

Vrksasana — El árbol  

En Vrksasana llevamos el peso hacia una pierna mientras el otro pie se apoya sobre la cara interna de la pierna de base, evitando ejercer presión directamente sobre la articulación de la rodilla.
Antes de pensar en cuánto podemos elevar la pierna, podemos observar nuestra base.
¿Cómo está apoyado el pie?
¿Cómo distribuimos el peso?
¿Podemos sentir el contacto con el suelo y, desde ahí, crecer hacia arriba?
Como un árbol, la estabilidad no empieza en las ramas. Empieza en las raíces.

Garudasana — El águila

Garudasana suma otro desafío: además del equilibrio necesitamos coordinación y organización del cuerpo alrededor de nuestro eje.
Flexionamos las piernas, cruzamos una sobre la otra y entrelazamos los brazos.
La postura nos invita a acercarnos hacia nuestra línea media y, al mismo tiempo, a encontrar espacio para respirar dentro de una forma más compacta.
Acá podemos observar algo muy simple: ¿qué sucede con el equilibrio cuando nuestra atención se dispersa?

Virabhadrasana III — Guerrero III

En Virabhadrasana III el desafío cambia nuevamente.
El torso se proyecta hacia adelante mientras una pierna se extiende hacia atrás y el cuerpo busca sostenerse sobre una única base.
Necesitamos fuerza y activación en la pierna de apoyo, pero también extensión y dirección.
No se trata solamente de “no caerse”. Se trata de encontrar una organización en la que distintas fuerzas puedan convivir.

Drishti: hacia dónde va nuestra mirada

En las posturas de equilibrio utilizamos una herramienta muy sencilla: el Drishti, la dirección o punto de enfoque de la mirada.
Elegir un punto estable y sostener allí la mirada puede ayudarnos a encontrar mayor estabilidad.
Pero para mí hay algo interesante más allá de la técnica.Cuando la mirada deja de recorrer la sala y se posa en un lugar, la atención también empieza a aquietarse.
Y entonces aparece otra pregunta:

¿Dónde está mi atención mientras practico?
Estoy sobre un pie, respirando, intentando sostener una postura. Si empiezo a pensar en lo que voy a hacer después de la clase o en algo que pasó durante el día, probablemente pierda por un instante esa conexión.
La postura me vuelve a traer.
Al pie.
A la respiración.
A la mirada.
Al presente.

Equilibrio y Yoga Sutras: practicar y soltar

Esta experiencia me lleva a uno de los textos fundamentales de la filosofía del yoga: los Yoga Sutras de Patanjali.
En el sutra 1.2 aparece una de las definiciones centrales del yoga: “Yoga chitta vritti nirodhah”, relacionada con el aquietamiento o cese de las fluctuaciones de la mente.
Y más adelante, en el sutra 1.12, Patanjali presenta dos conceptos que me parecen maravillosos para pensar las posturas de equilibrio: Abhyasa, la práctica constante, y Vairagya, el desapego.
En una postura de equilibrio practicamos. Probamos.Perdemos estabilidad. Volvemos. Observamos. Ajustamos.
Eso también es Abhyasa.

Y al mismo tiempo necesitamos aprender a soltar la expectativa sobre el resultado.
Quizás hoy la postura aparece con facilidad y mañana no.
Quizás un lado se siente completamente diferente del otro.
Quizás la forma no se parece a la imagen que teníamos en nuestra cabeza. Y eso es Vairagya, la posibilidad de practicar sin aferrarnos a que la experiencia tenga que ser de una determinada manera.
Aceptar lo que hoy podemos hacer y también aquello que todavía está en proceso.

¿Y qué pasa cuando te caés?

Esta es quizás la parte de las posturas de equilibrio que más me interesa observar.
¿Qué pasa cuando perdés el control?
¿Qué aparece cuando el pie vuelve al suelo antes de lo que esperabas?
¿Te reís?
¿Te enojás?
¿Te frustrás?
¿Te culpás?
¿Tu mente empieza inmediatamente a buscar explicaciones afuera?
El piso. El mat. La persona que se movió al lado. La música. La profesora.
Y una pregunta reveladora:
¿Cómo te hablás cuando no te sale?
Las asanas de equilibrio nos permiten observar estas pequeñas reacciones en un espacio cuidado.
Caernos no interrumpe la práctica. También es parte de la práctica. Volvemos a apoyar los dos pies. Respiramos. Nos acomodamos.Y volvemos a intentar.

Más allá del mat

Con el correr de las clases y la práctica de las asanas podemos adquirir mayor fuerza, coordinación y estabilidad. Sin embargo el aprendizaje no termina en el cuerpo físico.
Podemos preguntarnos:
¿Cómo me dispongo frente a aquello que me desafía?


¿Intento controlarlo todo? ¿Me pongo rígida? ¿Puedo adaptarme cuando algo cambia?
¿Puedo aceptar que algunos días voy a sentirme estable y otros voy a necesitar volver a empezar?


El equilibrio no es un punto fijo al que finalmente llegamos. Quizás sea algo que vamos construyendo a cada momento. Y esto es completamente análogo a nuestra vida.
Un movimiento constante entre sostener y soltar, entre fuerza y suavidad, entre estabilidad y cambio.


Porque, tanto arriba como fuera del mat, quizás no se trate de permanecer siempre en equilibrio, sino de aprender a reconocer cuándo lo perdemos y encontrar, una y otra vez, el camino de regreso a nuestro centro.


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